
EL NARCOTRAFICO
Por Juan TH
¿Por qué Estados Unidos, la principal potencia económica y militar del mundo, no ha podido eliminar o controlar el tráfico de drogas, sobre todo de países que están bajo su influencia o dominación, como Colombia, Bolivia, México, Perú y Afganistán, entre otros?
Colombia es el primer productor mundial de la hoja de coca y de cocaína; México es el segundo productor regional de amapola y el segundo en marihuana; Perú es el segundo productor del mundo de la hoja de coca y de cocaína, en tanto que Bolivia es el tercer productor mundial de la hoja de coca, materia prima de la cocaína.
Colombia es el primer productor mundial de la hoja de coca y de cocaína; México es el segundo productor regional de amapola y el segundo en marihuana; Perú es el segundo productor del mundo de la hoja de coca y de cocaína, en tanto que Bolivia es el tercer productor mundial de la hoja de coca, materia prima de la cocaína.
Afganistán, Irán y Pasquitán, “La Media Luna Dorada”, son los mayores productores del planeta del Opio. Holanda es uno de los principales productores de drogas sintéticas del mundo, como éxtasis, tan popular en los barrios neoyorquinos y latinoamericanos.
El Opio se redujo enormemente durante el régimen de los talibanes, en Afganistán, pero tan pronto fueron derrotados por las tropas norteamericanas la producción de la droga se incrementó.
Luego de la intervención militar de Estados Unidos al vecino Haití el tráfico de drogas aumentó hasta convertir esa nación en un “narcoestado”, con sus consecuencias funestas para la República Dominicana con quien comparte la isla de Santo Domingo, pues nadie controla el contrabando por la frontera de más de 300 kilómetros
Algunos investigadores del fenómeno del consumo y tráfico de drogas aseguran que el mismo es utilizado por Estados Unidos por razones económicas y políticas para crearle crisis a los países que están bajo sus dominios cuando lo estiman conveniente, y para impedir, al mismo tiempo, convulsiones sociales que terminen en revoluciones socialistas o comunistas. América Latina es un buen ejemplo.
El consumo y tráfico de drogas en República Dominicana es un problema que surge luego de la intervención militar estadounidense en abril de 1965. Las drogas fueron introducidas en los sectores sociales más radicales políticamente. De igual modo los focos más revolucionarios fueron minados por las drogas.
Verbigracia, San Francisco de Macorís. Inexplicablemente los muchachos que alzaban la bandera de la hoz y el martillo fueron visados para viajar a Estados Unidos. Muchos terminaron en la cárcel, muertos o deportados. No es casual que los barrios populares de Santo Domingo y de las principales ciudades del país estén llenos de drogas.
Colombia es otro gran ejemplo. La guerrilla, que tiene más de 50 años, ha terminado al servicio del narcotráfico.
¿Puede alguien creer que Estados Unidos, el imperio más grande que ha conocido la humanidad, que ha invadido militarmente casi todo los países latinoamericanos, no ha podido detener el tráfico de drogas a menos que no le interese?
Según algunos expertos, el tráfico de drogas es un negocio mundial tan grande como el turismo. Hay quienes dicen que el mundo de las drogas mueve todos los años más de 500 mil millones de dólares, eso es, más del seis por ciento del comercial mundial, y que tres cuatas parte de la población mundial consume drogas regularmente. Solo Estados Unidos tiene alrededor de 30 millones de personas que consumen cocaína con regularidad, sin contar con otras drogas como marihuana, éxtasis, opio, etc.
A Estados Unidos no le interesa terminar con el consumo y tráfico de drogas porque le sirve a sus intereses globales. Mientras más drogas, más dinero y más gente convertida en guiñapo, incapaz de levantarse para protestar por las injusticias de un mundo que está “patas arriba”, como dice Eduardo Galeano.
Desde hace años se viene planteando legalizar el consumo de drogas, como se hizo en el 1933 cuando se abolió la llamada ley seca en Estados Unidos, permitiendo que la venta de alcohol fuera legal. Pero ahora Estados Unidos se opone a la legalización del consumo de drogas porque lesiona sus intereses económicos y políticos.
El negocio de las drogas está globalizado por el imperio.
Se estima que se gastan más de cien mil millones de dólares en la “lucha” contra el narcotráfico, sin contar el costo altísimo en el mantenimiento de los reclusos en las cárceles. Solo Estados Unidos apresa cerca de dos millones de personas todos los años por consumo de pequeñas dosis de drogas.
Se estima que se gastan más de cien mil millones de dólares en la “lucha” contra el narcotráfico, sin contar el costo altísimo en el mantenimiento de los reclusos en las cárceles. Solo Estados Unidos apresa cerca de dos millones de personas todos los años por consumo de pequeñas dosis de drogas.
Una encuesta en Norteamérica reveló hace algunos años que el 40 por ciento de sus habitantes consideraban que las drogas debían legalizarse y que el Estado le colocara impuestos altos. En muchos otros países la gente considera que legalizar el consumo de drogas es la mejor solución.
En la República Dominicana, como decíamos más arriba, hay cada vez más consumo y más tráfico de drogas. Nunca como ahora hubo tantas drogas en las calles. Es imposible que ese fenómeno haya alcanzado tal magnitud sin la colaboración de las autoridades civiles y militares, que reciben grandes beneficios.
Las cosas han llegado a un punto tal, que resulta prácticamente imposible terminar con el problema. Ha tomado demasiado cuerpo. Los narcotraficantes han creado una estructura que sobrepasa la capacidad del Estado para enfrentarlo con éxito. Y como si fuera poco, Estados Unidos no ayuda. Juega a la política, pero nada más, porque le favorece que haya mucha droga en nuestros barrios marginados, entre la clase media baja y alta.
El narcotráfico conduce al país por caminos de violencia, muerte y destrucción de los valores sociales que hacen posible la convivencia pacifica que tanto necesita un país.
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