Para los que no saben que la Vieja Belén existe, les diré que hoy la vi…un poco regordete, llena de cana y con golosinas para niños, jóvenes y adultos en un macuto.
Siempre me quejé de ella porque cuando tenía nueve años no me dejó el remanente de la Navidad que esperé durante esos días.
Sin decirle nada a mis padres escribí una carta al niño Jesús. En ese entonces vivía en Puerto Plata, un lindo pueblo del Norte de nuestra República Dominicana donde celebran el día del niño con hermosos regalos cada 24 de diciembre.
A Jesús se le olvidó dejármelo, entonces le escribí a los Reyes Magos, con las yerbas, los cigarrillos, siempre debajo de la cama y la carta en mi cabecera del colchón donde sólo yo sabía que existía. Tampoco me dejaron nada. Pensé que aun tenia una oportunidad con La Vieja Belén, entonces, cambie el nombre del destinatario y le pedí a la hermosa vieja que vi hoy, cuarenta y tantos años después y que al parecer nunca supo que la esperaba.
No le dije nada, solo disfruté la comida, los dos pilones y el librito de “Nuestra Verde Navidad” de poemas, villancicos, coloreados y recetas que me regaló, lo guardaré conmigo…pero pensándolo bien le pediré un ultimo deseo…ojala y no dure tanto para darlo como a mi y es que al salir del restaurante en el Portal, donde está la Viejita Belén, vi a Roy Tabaré, el mismo de “se siente” que rió sin mirarme cuando le dije al pasar su frase junto a la mesa en la que me encontraba, le deje un buen carro pues el de él no le prendió cuando salio con la chica de aspecto extranjero del local, luego de su almuerzo.
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