La primera dama, doctora Margarita Cedeño de Fernández, participó en el solemne acto de beatificación del Papa Juan Pablo II, que congregó a 16 Jefes de Estado y de Gobierno, delegaciones diplomáticas y más de dos millones de personas de todo el mundo, que se reunieron en la Plaza San Pedro para celebrar el acontecimiento.
La doctora, acompañada por la Embajadora dominicana ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), Rosa Hernández de Grullón, presenció el acto desde el ala izquierda, donde fueron colocadas las delegaciones de Jefes de Estados y Embajadores ante la Santa Sede.
“Participar en la Beatificación del Papa Juan Pablo II es una bendición inmensa y una experiencia inolvidable que realmente llena mi espíritu”, expuso la Primera Dama.
Resaltó que Juan Pablo II es un ejemplo del amor de Dios y del amor al prójimo sin barreras raciales, políticas o religiosas que todos y todas debemos seguir.
“Juan Pablo II siempre nos alentó con Fe y Esperanza a través de sus mensajes y llamados de atención ante los flagelos de nuestra sociedad”, destacó.
Durante la solemne misa, la dama dijo que “oro para que República Dominicana sea bendecida por el Señor y nos libre de momentos de dificultades extremas con sabiduría, amor y unión”.
Presidió la delegación oficial designada por el presidente Leonel Fernández mediante el decreto número 242-11, que integran también el embajador extraordinario y plenipotenciario del país ante la Santa Sede, Víctor Manuel Grimaldi Céspedes, y Rosa Hernández de Grullón, embajadora, representante permanente ante la (UNESCO).
La ceremonia
El Papa Benedicto XVI comenzó la celebración con el incienso del Altar. Portando en sus manos la cruz de Cristo caminó hasta la sede de la celebración y de inmediato empezó la celebración con el rito de introducción.
Para dar inicio al rito de la Beatificación el Cardinal Agostino Vallini leyó la biografía de candidato a Beato Juan Pablo II, destacando la profunda y viva relación del Papa con María Auxiliadora así como la inserción que tuvo en el mundo del trabajo, experiencia que le ayudó en su ejercicio papal.
Destacó también su inclinación hacia los laicos y su participación en la Iglesia, su papel como Pastor del mundo a través de viajes apostólicos a nivel mundial proclamando a Cristo como único salvador mundial y su predilección de anunciar el Evangelio a los jóvenes, así como su papel en la realización del Catecismo Católico, las encíclica, la devoción a María y a Jesús de la Misericordia.
El Papa Benedicto XVI comentó las lecturas, destacando que las mismas se conectan con la vida de Juan Pablo II, quien destacó que Juan Pablo II encontró su modelo a seguir en Pedro y María, la Madre de Dios.
Benedicto XVI habló de su experiencia personal al lado de Juan Pablo II, destacando la vivencia de fe del Beato, su profunda humildad radica en la íntima unión con Cristo y su capacidad de dar un mensaje elocuente de cristiandad frente a las situaciones del mundo y su celo inquebrantable por la fe del pueblo de Dios.
El Papa agradeció a todas las delegaciones civiles y militares que asistieron a la ceremonia, haciendo un llamado a construir la civilización del amor, tal como lo hizo en reiteradas ocasiones el Papa Juan Pablo II.
Saludó con afecto a los feligreses de habla hispana y los invito a seguir el ejemplo de amor y fidelidad de Juan Pablo II, además de que bendijo a los pueblos hispanoamericanos y a los peregrinos que participaron en la beatificación.
La misa se desarrolló en los principales idiomas del mundo inglés, español, alemán y polaco.
La doctora, acompañada por la Embajadora dominicana ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), Rosa Hernández de Grullón, presenció el acto desde el ala izquierda, donde fueron colocadas las delegaciones de Jefes de Estados y Embajadores ante la Santa Sede.
“Participar en la Beatificación del Papa Juan Pablo II es una bendición inmensa y una experiencia inolvidable que realmente llena mi espíritu”, expuso la Primera Dama.
Resaltó que Juan Pablo II es un ejemplo del amor de Dios y del amor al prójimo sin barreras raciales, políticas o religiosas que todos y todas debemos seguir.
“Juan Pablo II siempre nos alentó con Fe y Esperanza a través de sus mensajes y llamados de atención ante los flagelos de nuestra sociedad”, destacó.
Durante la solemne misa, la dama dijo que “oro para que República Dominicana sea bendecida por el Señor y nos libre de momentos de dificultades extremas con sabiduría, amor y unión”.
Presidió la delegación oficial designada por el presidente Leonel Fernández mediante el decreto número 242-11, que integran también el embajador extraordinario y plenipotenciario del país ante la Santa Sede, Víctor Manuel Grimaldi Céspedes, y Rosa Hernández de Grullón, embajadora, representante permanente ante la (UNESCO).
La ceremonia
El Papa Benedicto XVI comenzó la celebración con el incienso del Altar. Portando en sus manos la cruz de Cristo caminó hasta la sede de la celebración y de inmediato empezó la celebración con el rito de introducción.
Para dar inicio al rito de la Beatificación el Cardinal Agostino Vallini leyó la biografía de candidato a Beato Juan Pablo II, destacando la profunda y viva relación del Papa con María Auxiliadora así como la inserción que tuvo en el mundo del trabajo, experiencia que le ayudó en su ejercicio papal.
Destacó también su inclinación hacia los laicos y su participación en la Iglesia, su papel como Pastor del mundo a través de viajes apostólicos a nivel mundial proclamando a Cristo como único salvador mundial y su predilección de anunciar el Evangelio a los jóvenes, así como su papel en la realización del Catecismo Católico, las encíclica, la devoción a María y a Jesús de la Misericordia.
El Papa Benedicto XVI comentó las lecturas, destacando que las mismas se conectan con la vida de Juan Pablo II, quien destacó que Juan Pablo II encontró su modelo a seguir en Pedro y María, la Madre de Dios.
Benedicto XVI habló de su experiencia personal al lado de Juan Pablo II, destacando la vivencia de fe del Beato, su profunda humildad radica en la íntima unión con Cristo y su capacidad de dar un mensaje elocuente de cristiandad frente a las situaciones del mundo y su celo inquebrantable por la fe del pueblo de Dios.
El Papa agradeció a todas las delegaciones civiles y militares que asistieron a la ceremonia, haciendo un llamado a construir la civilización del amor, tal como lo hizo en reiteradas ocasiones el Papa Juan Pablo II.
Saludó con afecto a los feligreses de habla hispana y los invito a seguir el ejemplo de amor y fidelidad de Juan Pablo II, además de que bendijo a los pueblos hispanoamericanos y a los peregrinos que participaron en la beatificación.
La misa se desarrolló en los principales idiomas del mundo inglés, español, alemán y polaco.
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