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Destino de menores abandonados en RD

Santo Domingo. -  El hallazgo de un bebé frente a una vivienda en el kilómetro 11 de la avenida Independencia, en el Distrito Nacional, activó el protocolo estatal de una carrera que desde ya empieza a definir su futuro. 

Aunque el infante se encuentra bajo la custodia del Consejo Nacional para la Niñez y la Adolescencia (Conani), su estabilidad física es solo el primer paso de un proceso que busca rescatarlo del anonimato legal.

Cuando un menor es hallado en la vía pública sin referentes familiares, el Estado dominicano inicia un proceso legal y administrativo que busca garantizar su derecho a la identidad y a una familia. 

Según informaciones obtenidas del encargado del Departamento de Gestión Territorial del Conani, Edwin Ceballos, el protocolo se divide en varias etapas.

Evaluación médica y retención: normalmente, el centro de salud al que se traslada el menor emite un informe clínico y se contacta con el Ministerio Público, quien emite una orden de retención para evitar que el infante sea entregado a personas no autorizadas.

Durante los primeros tres meses, se realizan levantamientos consecutivos de trabajo social. Se indaga en el entorno donde apareció el niño, hospitales y cuarteles.

"Se hacen tres levantamientos consecutivos mes por mes. Esto va abultando todo el expediente a los fines de que se verifique la existencia o no de algún referente familiar. Se realizan a los fines de ir recibiendo información oportuna", dijo. 

Si tras las investigaciones no aparece la familia biológica, el Departamento de Protección Legal del Conani apodera al Tribunal de Niños, Niñas y Adolescentes.

Al niño se le asigna un nombre de forma provisional y, tras la sentencia de abandono, el tribunal autoriza al Conani a dotarlo de un acta de nacimiento para garantizar su derecho a la nacionalidad.

Ingresan al sistema bajo la categoría de "protección" 

La condición de "abandono" es un estatus jurídico que solo adquiere el menor una vez que un tribunal emite una sentencia definitiva, después de agotar todas las vías. Este proceso busca evitar declaratorias de abandono innecesarias que puedan vulnerar el derecho del niño a permanecer con su familia biológica.

Eran las 10:20 de la noche del pasado martes. Iván Suzaña, alias Van, estaba sentado en el balcón de su casa y, justo cuando se disponía a bañarse, un llamado interrumpió su rutina.

"¡Van, baja!", le llamó Fafa, el seguridad del residencial Sandra 2da, ubicado en el kilómetro 11 1/2 de la avenida Independencia, Distrito Nacional.

Abajo, en la calle medio oscura, algo no encajaba. Un joven, de no más de 19 años, lucía nervioso. Llevaba una caja en las manos. Iván lo observó apenas unos segundos... suficientes para notar que algo andaba mal.

Cuando el "muchacho" cruzó la avenida, próximo a la entrada del hogar de ancianos San Francisco de Asís, soltó la caja cerca de un pequeño basurero y otros escombros, y se fue corriendo.

Sin pensarlo demasiado, Iván bajó. Describió que la avenida estaba oscura, así que encendió el flash de su celular mientras cruzaba, sin saber exactamente qué iba a encontrar.

Dentro de la caja había un bebé "buenmozo", un varoncito de unas tres o cuatro semanas de nacido, según dijo, envuelto en una toalla y con su gorrito. El niño no lloraba, apenas se movía. Tenía frío, pero "estaba contento y sonreía".

"¿Tú lo vas a agarrar?", le preguntó una vecina. "Claro que lo voy a agarrar", respondió sin titubear.

Lo tomó en brazos y lo llevó hacia la esquina de su calle, donde había más luz. En minutos, bajaron su madre, su padre, vecinos y otros curiosos. Nadie sabía qué hacer, pero todos entendían que ese momento no podía esperar.

"Uno ve esto en películas o en noticias... pero no cree que le va a tocar", dijo.

Iván aseguró que el bebé se encontraba en buenas condiciones. Bien vestido y tranquilo.

Durante unos 20 minutos, lo sostuvo y llamó al 9-1-1. La ayuda llegó rápido, el bebé fue atendido en el lugar y luego trasladado al hospital infantil Robert Reid Cabral. Describió que a la escena también llegaron agentes de Policía Nacional, quienes hicieron preguntas.

Iván, de 32 años y servidor público, todavía no logra entenderlo. "Es algo sorprendente... una madre que pasa todo su embarazo, que todo sale bien... ¿y dejarlo así?".

Lo que más le impactó fue el detalle: la caja, la funda azul, la toalla doblada con cuidado.

"No fue algo tirado así nada más... estaba preparadito".

Asimismo, expresó que esa noche no llovió, pero al día siguiente sí. Y él no deja de pensarlo: "porque ahí sí no se sabe lo que hubiera pasado".

Cuando le preguntan cómo se siente, no habla de heroísmo. Habla de confusión, de impacto, de hacer lo que tocaba.

"Fue penoso... pero uno tiene que hacer algo", expresó.

Esa noche, en medio de la oscuridad y la incertidumbre, Iván hizo lo único que podía: no mirar hacia otro lado y eso fue suficiente para salvar una vida.

Diario Libre

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