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Cardenal Müller califica de cismáticas las consagraciones de obispos de la FSSPX y defiende la Misa en latín

El Cardenal Gerhard Müller ha calificado de acto cismático la consagración prevista por la Fraternidad San Pío X (FSSPX) de cuatro obispos sin mandato papal, al tiempo que ha subrayado que la disputa gira en torno a la autoridad, no a la Misa Tradicional en Latín, que, según afirmó, sigue siendo válida.

En una entrevista con EWTN News In Depth, el exprefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe afirmó que las ordenaciones episcopales realizadas “sin el Papa son absolutamente imposibles, contrarias a la voluntad de Dios”, calificando a quienes las llevan a cabo como “no católicos o anticatólicos”. Subrayó que este juicio se basa en “criterios objetivos”, no en “juicios subjetivos”.

La FSSPX tiene previsto consagrar obispos a cuatro sacerdotes, entre ellos el sacerdote estadounidense Michael Goldade, el 1 de julio en su seminario de Écône, Suiza, haciendo eco de las consagraciones realizadas por el arzobispo Marcel Lefebvre en 1988.

Sin un mandato papal, las consagraciones serían válidas pero ilícitas, conllevando la excomunión latae sententiae (automática)

Müller comparó a la FSSPX con los donatistas, el cisma contra el que luchó San Agustín en el norte de África.

“Deberían aprender del ejemplo de los donatistas”, dijo, y añadió que San Pío X, patrón de la fraternidad, “rezará contra quienes abusan de su nombre”.  El Papa León XIV, recordó, es agustino.

El purpurado alemán, profesor de teología dogmática desde hace mucho tiempo, calificó la devoción a la liturgia tradicional y el rechazo a la autoridad papal como "dos cuestiones absolutamente diferentes", y criticó a los obispos que prohíben la Misa tradicional en latín, tildándolos de "autoritarios".

Al preguntársele qué deberían hacer los fieles que asisten a las misas de la FSSPX si se produce un cisma, Müller respondió que "no deberían ir ni pueden participar en las misas de sacerdotes y obispos cismáticos".

El actual jefe de doctrina del Vaticano, el Cardenal Víctor Manuel Fernández, advirtió el 13 de mayo  que las consagraciones serían "un acto cismático".

La FSSPX rechaza la acusación, sosteniendo que tales consagraciones no rompen por sí solas la comunión; y el 24 de junio envió al Papa León y al Colegio Cardenalicio una  "Declaración de fe católica".

El superior general de la FSSPX, P. Davide Pagliarani, se ha referido a un "estado de necesidad", señalando que solo quedan dos obispos ancianos de la FSSPX para ordenar sacerdotes.

Müller también habló del consistorio del 26 y 27 de junio, en el que, según dijo, espera que se aborden los temas del ateísmo y la inteligencia artificial, y reiteró sus críticas a la "sinodalidad", que en su opinión ha sido "utilizada indebidamente" para impulsar ideas contrarias a la doctrina de la Iglesia sobre el sacerdocio y el matrimonio.

Artículo publicado originalmente en EWTN News. Traducido y adaptado por el equipo de ACI Prensa

 ¿Qué es el cisma?

La Enciclopedia Católica (EC) explica que el cisma es “la ruptura de la unión y la unidad eclesiásticas, es decir, ya sea el acto por el cual uno de los fieles corta, en la medida que yacen en él, los vínculos que le unen a la organización social de la Iglesia y que le hacen miembro del cuerpo místico de Cristo, o el estado de disociación o separación que resulta de dicho acto”.

El canon 751 del Código de Derecho Canónico precisa que el cisma es “el rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia a él sometidos”. La pena de este delito canónico es la excomunión.

¿Qué es la excomunión?

De manera breve se puede definir a la excomunión (exclusión de la comunión) como la pena más grave para un bautizado, que consiste en apartarlo de la comunión de los fieles de la Iglesia Católica y del acceso a los sacramentos.

La EC precisa que la excomunión es “una pena medicinal y espiritual que priva al cristiano culpable de toda participación en las bendiciones comunes de la sociedad eclesiástica”.

“Siendo una pena, supone la culpabilidad; y siendo la pena más grave que la Iglesia puede infligir, naturalmente supone una ofensa muy grave. Es también una pena medicinal en lugar de vengativa, pues está destinada no tanto a castigar al culpable, sino a corregirlo y a traerlo de nuevo a la senda de la rectitud”, agrega la EC.

¿Por qué se excomulga?

La excomunión no sólo es un castigo y va más allá de la restricción al acceso a la Sagrada Comunión.

Con la excomunión se reprende públicamente a quien "provoca con su conducta escándalo o grave perturbación del orden", como señala el canon 1339 del Código de Derecho Canónico.

El Cardenal Mauro Piacenza, Penitenciario Mayor Emérito de la Iglesia, explicó en 2015 que la excomunión busca llevar "a los culpables al arrepentimiento y a la conversión".

"Con la pena de excomunión la Iglesia no intenta de algún modo restringir el campo de la misericordia. Simplemente se evidencia la gravedad del crimen”, agregó.

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