Roma, la Iglesia de San Joaquín. - El 16 de octubre de 1943, poco después de las 5 de la mañana, unos 300 soldados alemanes irrumpieron por la fuerza en el gueto judío de Roma. La operación formaba parte del plan nazi para acabar con su presencia en la capital italiana antes de que sus habitantes pudieran encontrar refugio.
La gran redada se saldó con 1.022 detenidos, posteriormente deportados al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. A pesar del despliegue de las SS, algunas personas consiguieron escapar de la captura.
Nueve días más tarde, mientras el miedo se extendía por la ciudad ocupada, un grupo de sacerdotes redentoristas decidió arriesgar sus vidas para salvar a otros. Habilitaron un escondite en uno de los lugares más inaccesibles de su iglesia.
Desde fuera nadie podía pensar que esta cúpula escondía a más de 30 personas. Crédito: EWTN Noticias.
El refugio se encontraba en el interior de la cúpula de San Joaquín, una iglesia situada a pocos metros de distancia del Vaticano. Allí permanecieron ocultas 35 personas buscadas por la Gestapo.
Para impedir que los registros alemanes revelaran su presencia, los sacerdotes tapiaron el acceso con ladrillos y cemento, haciendo desaparecer cualquier indicio de que allí había una entrada.
"El Ejército alemán inspeccionaba todos los conventos e iglesias y era muy peligroso. No podía haber ningún rastro de ellos. Para garantizar la seguridad, la entrada fue tapiada y enlucida", relata a EWTN Noticias el sacerdote redentorista Ezio Marcelli, responsable de rescatar del olvido una historia que permaneció desconocida durante décadas.
El sacerdote redentorista Ezio Marcelli, explica a EWTN Noticias esta historia que permaneció desconocida durante décadas. Crédito: EWTN Noticias.
Solo una pequeña ventana permitía la comunicación con el exterior. Durante las horas de oscuridad se introducían los alimentos y se retiraban discretamente los cubos utilizados para los residuos.
El P. Marcelli dedicó cerca de cuarenta años a investigar documentos inéditos y a localizar a numerosos supervivientes. Entre ellos figuraba el más joven de los refugiados, un muchacho de tan solo 15 años que se desmayó cuando quedó colocado el último ladrillo que lo separaba definitivamente del mundo exterior.
También encontró el testimonio de Enrico Molé, un abogado enfrentado a la evolución del fascismo italiano. Para protegerlo en los primeros momentos de la persecución, los religiosos incluso lo disfrazaron de sacerdote y le asignaron una nueva identidad: el padre Conca.
La estancia en el escondite era un espacio angosto, muy oscuro y lleno de humedad. Cuando llovía, el agua se filtraba desde el techo y las paredes acumulaban polvo y telarañas. Los refugiados no lo tenían fácil. Carecían tanto de calefacción como de agua corriente. Vivían confinadas en este exiguo espacio y no podían apoyarse sobre la zona central de la cúpula porque estaba construida en yeso y existía el riesgo de que cediera.
"Tenían que hacer vida de noche, cuando la ciudad dormía, para no despertar sospechas por los ruidos. En una esquina hacían sus necesidades", recuerda Marcelli. "Por suerte, nadie enfermó", añade.
La Iglesia de San Gioacchino in Prati (San Joaquín), situada en Roma cerca de la Plaza de los Quiriti y no lejos de la Ciudad del Vaticano, sirvió como refugio secreto para esconder a 35 personas —entre judíos y disidentes políticos— de la persecución nazi durante la ocupación alemana de la capital entre 1943 y 1944. Crédito: EWTN Noticias.
Los perseguidos permanecieron encerrados entre el 25 de octubre de 1943 y el 7 de junio de 1944. Durante esos más de siete meses, una estrecha abertura situada en la parte central de la cúpula constituyó su único vínculo con el exterior.
Entre los recuerdos más intensos de aquella etapa figura la Navidad de 1943. Ese 25 de diciembre, el superior de la comunidad redentorista, el P. Antonino Dressino, se introdujo por el angosto acceso para celebrar junto a ellos el nacimiento de Cristo. Su gesto quedó grabado en la memoria de quienes compartían el encierro.
El P. Dressino había sido profesor de Matemáticas del propio Marcelli. Sin embargo, nunca habló públicamente de aquella experiencia. "Para ellos era simplemente lo que tenían que hacer. No buscaban reconocimiento ni medallas", explica el sacerdote.
Desafiando al régimen nazi, el superior de la comunidad redentorista, el P. Antonino Dressino, se introdujo por el angosto acceso para celebrar junto a ellos el nacimiento de Cristo en la Navidad de 1943. Crédito: EWTN Noticias.
La idea de utilizar la cúpula como escondite se le ocurrió al ingeniero católico Pietro Lestini, profundo conocedor de la estructura del edificio. Su iniciativa resultó decisiva, especialmente cuando las autoridades alemanas comenzaron a registrar también conventos e iglesias en busca de fugitivos.
Junto a él participaron el sacristán Domenico Pizzato y la religiosa francesa Margherita Bernés, cuya labor fue esencial para la supervivencia de los refugiados. Cada noche se ocupaba de proporcionar comida y retirar los desechos mediante un sistema de poleas improvisado.
Las 35 personas perseguidas por el régimen nazi fueron alojadas en el espacio angosto y oculto ubicado entre el techo y la bóveda de la cúpula de la iglesia. Crédito: EWTN Noticias.Hoy, el antiguo escondite se encuentra parcialmente derruido. Entre escombros y estructuras deterioradas todavía se conservan los dibujos que realizó uno de los refugiados en las paredes.
Los refugiados judíos tenían un profundo respeto por los católicos. Por eso, uno de ellos plasmó en las paredes de su escondrijo estos dibujos: el rostro de Cristo coronado de espinas. Crédito: EWTN Noticias.
Las ilustraciones permiten hoy reconstruir la vida cotidiana en aquel lugar oculto. Entre ellos destacan una representación de Cristo coronado de espinas y una imagen de la Virgen María sosteniendo al Niño Jesús. Los refugiados judíos tenían un profundo respeto por los católicos. Por eso, no extraña que plasmaran estos dibujos en las paredes de su escondrijo.
En las paredes del escondite aún se conservan los dibujos realizados por los propios refugiados durante los meses que pasaron confinados en el lugar hasta la liberación de Roma. Esta Virgen con el Niño es un ejemplo de ellos. Crédito: EWTN Noticias.
"Muchos de los que estaban escondidos ni siquiera eran cristianos, pero aquellas imágenes se convirtieron en un símbolo que calmaba sus preocupaciones y les daba esperanza", concluye el P. Marcelli.
Crédito: EWTN Noticias
Victoria Cardiel
Javier Romero
ACI Prensa
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