Debido a diferencias surgidas entre representantes del Senado y la Cámara de Diputados, el senador Julio Cesar Valentín propuso volver al sistema unicameral, considerando que el actual sistema bicameral le conviene más a Estados de mayor tamaño y con un tipo de democracia diferente a la dominicana. Sin embargo, la propuesta fue rechazada por los presidentes de ambas Cámaras, Reinaldo Pared Pérez y Abel Martínez.
En el marco de este debate, el Observatorio Político Dominicano (OPD) de la Fundación Global, Democracia y Desarrollo (FUNGLODE), publicó hoy un análisis que compara el sistema bicameral dominicano con los sistemas parlamentarios latinoamericanos. La investigación muestra las tendencias, las ventajas y desventajas de ambos sistemas.
Virginia Wall, coordinadora de la Unidad del Poder Legislativo del OPD y autora del análisis, destaca que un factor de análisis surgido de los argumentos del senador Valentín, se refiere a la extensión territorial y su relación con el sistema legislativo elegido.
“Actualmente se observa que los países de mayor extensión han optado por sistemas bicamerales, mientras que los de menor territorio, con excepción de la República Dominicana, cuentan con poderes legislativos unicamerales”, resalta la investigación.
Entre 1880 y 1908, el Congreso dominicano fue unicameral.
Sin embargo, desde 1908 hasta la fecha ha sido bicameral.
Otro factor que analiza la investigación es el tamaño del organismo legislativo, que generalmente depende de la cantidad de habitantes que tiene cada Estado y de la división político-administrativa, además del territorio.
“En América Latina, los cuatro países de mayor población tienen un congreso bicameral y de los cinco países con menor población, el 80% tiene un congreso unicameral”, puntualiza.
En el caso de la República Dominicana, este es un punto controversial, porque la diferencia entre ambas cámaras está en las unidades territoriales que representan, no en la cantidad de habitantes.
“En el país se elige un senador o senadora por cada provincia y uno para el Distrito Nacional. A partir de 2010, el número de miembros de la Cámara de Diputados fue fijado en 178, además de los 5 diputados nacionales y 7 diputados de ultramar.
Anteriormente, la fórmula era de un diputado por cada 50,000 habitantes o fracción mayor a 25,000 habitantes, sin fijar un número tope”, acentúa.
Al respecto, el estudio enfatiza que “la cantidad de integrantes del Congreso Nacional sigue siendo objeto de una de las críticas más ácidas que recibe el sistema dominicano, por considerar que la actual no es más que una nómina abultada, que afecta grandemente las arcas del Estado”.
Virginia Wall indica que de los 19 países latinoamericanos tomados en cuenta para el estudio, 56.25% tiene congreso unicameral.
“Cuba, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Perú y Venezuela han optado por concentrar su Poder Legislativo en una sola Cámara. Mientras que Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, México, Paraguay, República Dominicana y Uruguay tienen un Poder Legislativo dividido en dos cámaras”.
Destaca que dentro de las ventajas de la división bicameral está la contribución al sistema de pesos y contrapesos. Según su opinión, el sistema bicameral disminuye la posibilidad de que el poder reunido en una sola cámara se convierta en un tipo de “tiranía legislativa”.
“El Senado y la Cámara de Diputados pueden servirse como control mutuo, al exigirse que ambas salas estén de acuerdo en un texto idéntico, a los fines de que se convierta en ley”, agrega.
Sin embargo, resalta que “los defensores del sistema unicameral argumentan que la doble revisión solo provoca mayor mora legislativa, con un menor número de proyectos de leyes aprobados, además de una desviación del modelo de representatividad”.
Este, precisamente, es uno de los puntos expuestos por el senado Valentín, quien ha destacado el problema de los “proyectos engavetados”, enfatiza.
Por: Cinthia Lazala.

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