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Antonio Banderas confiesa al Papa: “soy víctima del hechizo de Dios”

El Movistar Arena se convirtió este domingo en un auténtico atrio de los gentiles, donde la fe y el arte contemporáneo se dieron la mano para explorar el misterio de lo humano, guiados por el Papa León XIV.

En el encuentro participaron destacadas figuras de la cultura española con proyección internacional como el actor Antonio Banderas; el deporte estuvo representado por la legendaria jugadora de bádminton Carolina Marín, triple campeona mundial; y el ámbito académico, encarnado en José María Coello de Portugal, vicerrector de Planificación, Coordinación y Relaciones Institucionales de la Universidad Complutense de Madrid. Junto a ellos, representantes sindicales y de la patronal expusieron al Pontífice sus inquietudes y retos con el objetivo de construir, de manera conjunta, una sociedad orientada al bien común, capaz de superar la fragmentación y la polarización.

La presencia de todos ellos fue, por sí misma, una constatación de que, incluso en una sociedad fragmentada, es posible el encuentro. 

Una cita histórica que respondió al lema del primer viaje de un Papa a España en 15 años “Alzad la mirada” y a la llamada de León XIV a tejer redes entre los distintos agentes sociales, mostrando que, más allá de las legítimas diferencias, existe una voluntad firme de construir alianzas sólidas y transversales para afrontar los desafíos del futuro.

Uno de los momentos destacados fue la intervención de Antonio Banderas, quien recitó un texto sobre la unión entre fe y cultura. “Confieso que soy víctima del hechizo de Dios”, aseguró mirando a los ojos al Papa.

El actor, que el día anterior había dirigido al elenco del musical Godspell en una actuación especial durante la vigilia de oración con jóvenes en la Plaza de Lima, evocó también la religiosidad popular de su Málaga natal y las procesiones de Semana Santa que marcaron su infancia.

En su intervención subrayó la capacidad del arte para suscitar preguntas profundas: “En un mundo que a veces se simplifica en exceso, el arte nos ayuda a recuperar la profundidad y el alma que está tratando de ser robada por inteligencias artificiales”.

Previamente, el Arzobispo de Madrid, Cardenal José Cobo, había presentado al Papa León XIV como un referente para combatir los extremismos. En esta línea, el Pontífice quiso dejar claro que la Iglesia ha estado, desde sus orígenes, del lado de la cultura y el arte, favoreciendo el encuentro de sensibilidades diversas en una búsqueda compartida de trascendencia.

El “anhelo” de la Iglesia de permanecer en diálogo con el mundo contemporáneo

“La Iglesia, consciente tanto de sus aciertos como de sus errores a lo largo de la historia, anhela permanecer en diálogo con el mundo contemporáneo”, aseguró.

En su discurso, León XIV invitó al mundo actual a no despreciar la “experiencia plurisecular” de la Iglesia, que siempre “propone caminos para una vida digna y el bien común”. En este contexto, evocó a San Pablo VI, quien ante las Naciones Unidas recordó que, con independencia de la opinión que se tenga del Pontífice de Roma, es bien conocida su misión.

El Papa citó también su encíclica Magnífica humanitas, publicada el 25 de mayo de 2025, para volver a plantear la cuestión central: “¿qué significa ser verdaderamente humano?”. A esta pregunta ofreció una respuesta clara: “La Iglesia comparte con humildad, pero también con firmeza aquello que ha descubierto en la experiencia de la fe: que Jesucristo responde a las grandes preguntas sobre la vida humana y su plenitud, ya en este mundo y hasta su culmen en la eternidad”.

Para afrontar estos interrogantes, el Pontífice propuso un diálogo social que comparó con el arte de tejer redes, basado en el “encuentro, escucha, diálogo y respeto”. Este enfoque no es nuevo de este viaje a España. Ya estaba presente en su escudo episcopal y se ha confirmado desde su elección como Pontífice —término que significa “constructor de puentes”—: un puente, primero, con Dios, y después con las personas, las sociedades y las culturas.

En términos concretos, explicó que “tejer redes” implica que “la universidad no viva de espaldas al mundo del trabajo ni renuncie a la verdad; que la actividad empresarial no vea al empleado como un factor más en la ecuación de sus intereses; que el arte no tenga como fin sólo a las élites; que el deporte no sea reducido a espectáculo o convertido en mero negocio; que el progreso tecnológico tome en cuenta a los ancianos, a los pobres y a quienes no tienen voz”.

En este contexto, el Papa —matemático de formación— evocó con admiración a los grandes clásicos de la literatura española, citando a Lope de Vega, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz y Calderón de la Barca. Asimismo, recordó la serenidad de la prosa de Santo Tomás de Aquino, de quien hemos heredado los hermosos himnos del Corpus Christi, Solemnidad que la Iglesia celebra hoy.

Para el Pontífice, tejer redes significa también “servir de modo desinteresado”, como lo han hecho a lo largo de los siglos hombres y mujeres que, movidos por la fe, fundaron hospitales, escuelas e iniciativas solidarias. De ahí que invitara a preguntarse con honestidad si Europa habría forjado su identidad “sin la huella espiritual que ha impregnado su historia”.

“No se trata de una provocación, sino de una invitación a pensar si la eternidad, que irrumpió en el tiempo y el espacio mediante la encarnación de Jesucristo, pueda volver a reconciliarse con lo cotidiano”, señaló. Y añadió: “¿En serio es posible creer que la Europa —a la que tanto amamos— sería ella misma sin la huella de la fe? ¿Por qué temer que la eternidad impregne la cotidianidad?”.

Finalmente, el Papa afirmó que Cristo restituye al bien común su lugar central como árbitro que “apacigua la codicia de unos y nutre la esperanza de otros, mientras anhela salvarlos a todos”.

ACI Prensa

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